Te veo atardecer con las últimas luces de septiembre y por primera vez se me escapa una sonrisa. Quién lo diría. Con la de amaneceres que me has robado. Con la de noches que me has condenado a penar como alma en vela. Hoy escucho apagarse el eco de mis pasos tras de mí y me descubro con la nostalgia de saber que quizás mañana no queden más que mis huellas en este camino de muerte y cenizas. Y es que te has empapado demasiado de mis lágrimas como para no sentirte un poco mía, me has robado demasiado de mí misma como para huir sin sentirme más liviana que cuando llegué. Que la ilusión pesa mucho, maldita.
Me has curtido, tengo que reconocértelo. Has tenido el valor de desnudarme y la crueldad suficiente como para dejar al descubierto las cicatrices de debajo de la piel. Me has enseñado a no esperar nada y gracias a ti he aprendido a no decepcionarme. Me has humillado, sí, te has divertido colocando piedras a mis pies para burlarte cada vez que tropezaba. Pero con todos mis miedos, mis odios y mis fracasos me has convertido en lo que soy hoy. Y encima tengo que darte las gracias.
Maltratada y prepotente, exhibes tu fealdad a sabiendas de que nadie más se sentirá orgulloso de ti. Vanidosa y decadente, no has sabido cuidar lo poco que merecía la pena conservar. Y sin embargo, a medida que transformas recuerdos en nostalgias, me doy cuenta de que el otoño siempre llevará tu nombre.
Es cierto, cada septiembre vuelvo a ti con la esperanza de que sea el último. De ser capaz de escapar de tu gravedad con la velocidad suficiente como para alcanzar mi propia órbita. Y cada uno me has mostrado, con macabra ironía, que incluso el camino del cementerio puede ser de ida y vuelta.
Pero esta vez de algún modo es diferente, y no puedo evitar sentir un atisbo de tristeza. De nuevo empiezo octubre con el exilio como destino, pero esta vez con más certeza. Y es que hoy, por primera vez, siento que te camino como si fuera la última.
Me has curtido, tengo que reconocértelo. Has tenido el valor de desnudarme y la crueldad suficiente como para dejar al descubierto las cicatrices de debajo de la piel. Me has enseñado a no esperar nada y gracias a ti he aprendido a no decepcionarme. Me has humillado, sí, te has divertido colocando piedras a mis pies para burlarte cada vez que tropezaba. Pero con todos mis miedos, mis odios y mis fracasos me has convertido en lo que soy hoy. Y encima tengo que darte las gracias.
Maltratada y prepotente, exhibes tu fealdad a sabiendas de que nadie más se sentirá orgulloso de ti. Vanidosa y decadente, no has sabido cuidar lo poco que merecía la pena conservar. Y sin embargo, a medida que transformas recuerdos en nostalgias, me doy cuenta de que el otoño siempre llevará tu nombre.
Es cierto, cada septiembre vuelvo a ti con la esperanza de que sea el último. De ser capaz de escapar de tu gravedad con la velocidad suficiente como para alcanzar mi propia órbita. Y cada uno me has mostrado, con macabra ironía, que incluso el camino del cementerio puede ser de ida y vuelta.
Pero esta vez de algún modo es diferente, y no puedo evitar sentir un atisbo de tristeza. De nuevo empiezo octubre con el exilio como destino, pero esta vez con más certeza. Y es que hoy, por primera vez, siento que te camino como si fuera la última.


8 lunas:
y aunq tengas espinas y duelas, incluso, aunq a veces llegue a odiarte, no soy capaz de soltarte y dejar de sentirte así
pq a mí tb me asusta q todo va a cambiar
abrazos ausientes y aunpartidos desde el norte
La ciudad más fea del mundo
trae recuerdos, espera de pie en lo oscuro,
a que vayas a su encuentro para curarte la herida,
para despejar tus dudas, para enterrarte en momentos,
para esconderte en sus calles, para que te amparen frías.
Porque no es un regreso, ni una continuación. Es un nuevo comienzo
FUP!
Change is always good. Si no cambia, está muerto. Lo recorrido sólo sirve para aprender y recordar. La vida sólo es lo que queda por recorrer.
PS: Y luego tendrás los cataplines de mosquearte cuando te llame pucelana...
Hay ciudades más feas, pero están más lejos del tiempo.
Dicho lo cual sólo queda agradecer el hecho (dentro del escenario de lo puramente contingente) de no recabar en eso que tú y acaso, porque hasta el cementerio parece más bonito cuando se acude en régimen de visita y después de todo, el saqueo de esa Castilla tiene como algo de común y puede que de intolerable puede ser, ha de (necesariamente) ser el trampolín que permite subir con las estrellas del cielo.
Al menos para uno.
Sin duda para el más.
Este texto suena como una canción country.
que lindo escrito.
que lindo blog
(me atrajó el nombre "el sol de andrómeda" .. amo andrómeda! =)..)
saludos cordiales.
georgi
Nunca hay que olvidar que por muy gris, triste, inmóvil y descuidado que parezca el hormiguero a simple vista, siempre bulle una vida rica y frenética bajo la imperturbable superficie.
Me ha encantado ;P
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